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viernes, 5 de noviembre de 2010

depresión

Hacia ya dos años del accidente, pedro salio a dar un paseo matutino.
A pesar de no tener ganas, se dirigió al parque donde la vegetación hacia mas difícil que la gente lo viera, en el banco mas recóndito y el mas cubierto de vegetación se sentó, su mente no paraba de pensar hasta el punto de volverse irritable incluso con sus seres mas queridos, le venia imágenes de María su esposa, llorando por la discusión tenida y el sufrimiento de sus hijos por aquella situación.
En un momento de lucidez se echo a llorar el también, llorar era algo que no podía evitar, su amargura iba en aumento, el estomago lo iba ahogando y los medicamentos ya no surtían su efecto, se dio la vuelta y comenzó a llorar desconsoladamente, pues había descubierto que era lo único que calmaba aquella tensión y desasosiego, una vez agotadas todas sus fuerzas, su mente quedo en blanco por un momento, lo cual se transformo en paz, entonces empezó a sentir el trinar de los pájaros el azul del cielo y el brillo del sol como si hubiera salido de un túnel oscuro, por un momento saboreo la sensaciones ya casi olvidadas lo cual lo hizo mas entristecer.
Su mente empezó a trabajar desapareciendo aquella sensación, envolviéndolo otra vez en penumbra, a su mente le vino la imagen de sus hijos y la de María con la cual desde el accidente no había podido tener ningún momento de intimidad, pues la enfermedad lo cohibía haciéndolo sentirse mas culpable, el ya no creía en los médicos que le decían que esa enfermedad tenia cura, su paciencia ya se había agotado el ambiente se volvía mas tenso por momento, en un arrebato de ira miro a su alrededor maldiciendo su vida, su corazón palpitaba a mil por hora, salio del parque decidido a solucionar su estado.
Entro en casa subió las escaleras, entro en la habitación de sus hijos agarro papel y lápiz, redacto lo que podríamos decir fuera su testamento, mientras redactaba a sus hijos pidiendo perdón y disculpa recordó a sus hijos, las lagrimas recorrían toda su cara hasta el punto de mojar el papel pero el sabia que si quería terminar con aquella pesadilla no podía volverse atrás, luego escribió otra a María recordándole lo feliz que había sido a su lado, pero que ya la enfermedad lo había vencido y ni ella ni nadie podría ayudarlo.
Salio de la habitación de sus hijos y se dirigió a la suya, abrió el cajón agarro sus medicamentos, mientras por sus mejillas se deslizaban cientos de lagrimas, abrió su armario eligiendo su mejor traje, se vistió agarro la jarra de agua y sin pensarlo dos veces ingirió un bote entero de pastillas, se tumbo a la espera de que el sueño eterno acabara con su sufrimiento, de repente, poco a poco el sueño se volvió oscuridad , silencio y olvido un suspiro latente dio paso al fin de su angustia, su corazón dejo de palpitar sin antes dejar caer sus lagrimas y un lo siento en señal de arrepentimiento en su rostro la felicidad quedo grabada con una sonrisa como el vencedor de su lucha